Cuando tenemos una necesidad y no podemos cubrirla por nosotros mismos, pedimos ayuda, tanto a nivel profesional como a nivel espiritual. Pero incluso el pedir tiene su arte y su metodología, pues si pedimos de forma incorrecta, puede que no nos ayuden.
El ser humano puede ser muy creativo e imaginarse rápidamente una solución para cubrir sus necesidades, por lo que se pone a pedir ayuda desde la solución que se ha imaginado. Nuestra soberbia nos lleva a pensar que «lo que nos resuelva nuestra necesidad tiene que ser así», por lo que pedimos ayuda desde esa solución que se nos ha ocurrido:
- Si necesito una aplicación para guardar cierta tipología de datos y poder gestionarlos, nos imaginamos una aplicación web que se apoye en una base de datos MongoDB, unido a un chatbot basado en Inteligencia Artificial, así que le pedimos a la empresa de consulting de turno una aplicación web con una base de datos MongoDB, y un chatbot. Los ingenieros de software, al ver lo que pedimos, se echan las manos a la cabeza, pero el dinero manda y se ponen a implementarnos un sistema que no cubrirá nuestra necesidad, y que además nos saldrá muy caro.
- Si necesito más dinero para cubrir nuevos gastos que me llegan, nos imaginamos que necesitamos ascender en el trabajo para poder ganar más dinero, por lo que pedimos a Dios que nos asciendan en el trabajo. Dios, que es infinitamente más sabio que nosotros, se da cuenta de que eso no es lo que necesitamos, y que encima nos dará problemas a largo plazo, por lo que no nos lo concede. Al ver nuestra petición insatisfecha, podremos entrar en una crisis de fe.
Entonces, ¿cómo se ha de pedir? Desde el punto de vista empresarial, surge el «Design Thinking» en San Francisco, durante los años 70. Es una técnica de diseño basada en las necesidades del cliente, por lo que nos ponemos en su lugar y empezamos a detectar todas sus necesidades. El diseño de nuestra solución intentará cubrir todas las necesidades que hemos detectado. Por lo tanto, Design Thinking nos ayuda a pedir desde la necesidad, y no desde la solución.
Desde el punto de vista religioso tenemos una ventaja, y es que Jesús es Dios, y por tanto conoce el futuro y todos los acontecimientos intermedios. Pidiendo a Jesús desde la necesidad, hará que Él nos ayude a cubrirla satisfactoriamente. Jesús nos irá guiando, metiéndonos ideas útiles en la cabeza, y poniendo en nuestro caminos a gente que nos pueda ayudar. En mi libro «Madurando Tu Fe Católica» explico con más detalle cómo se ha de pedir, e incluyo una fábula que ayuda a entenderlo.
Por lo tanto, pida ayuda desde la necesidad, y no desde la solución. Pedir desde la solución es un acto de soberbia, y para recibir ayuda, es bueno ser humilde.
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