Para vivir con amor, antes hay que saber qué es el amor. La ideología actual lo define como un sentimiento involuntario de entrega hacia otra persona. Al ser involuntario, no lo controlamos, por lo que hoy lo tenemos, y mañana podemos perderlo. De ahí la famosa frase de «se ha ido el amor», cuando preguntamos a una pareja la razón de su ruptura.
La idea del amor como un sentimiento involuntario es falsa y la causante de que dos tercios de las parejas se rompan. Al eliminar la voluntariedad, nos ponemos en un plano pasivo, dejando de luchar. La convivencia lleva a situaciones de tensión, malentendidos, incompatibilidades, que se resuelven con voluntad de solucionarlas. Pero si estamos en un plano pasivo, dejamos de tener voluntad para solucionarlas, dejamos de luchar, y la relación se deteriora, hasta que se vuelve intolerable, acabando con la ruptura de la pareja.
Por lo tanto, el amor es un acto de voluntad. La definición correcta sería la siguiente: el amor es una entrega voluntaria e incondicional a otra persona, aceptando a dicha persona tal cuál es.
¿A quién le interesa que se destruya la familia mediante la ruptura del matrimonio? Evidentemente al diablo. Es más, creo que ha sido el diablo el que ha introducido en la sociedad la idea del amor «sentimiento involuntario».
Por lo tanto, adoptando un papel activo en el amor, tomándolo como un acto de nuestra voluntad, la vida cambia mucho. Nuestro ideal en cómo hay que llevar el amor es Jesús, pues lo dio todo por nosotros, incluyendo su propia vida, en medio de unos tormentos horribles. Cuando Jesús nos da el undécimo mandamiento: «amaros los unos a los otros como yo os he amado» (Juan 13: 34), nos da realmente la clave de la felicidad: vivir con amor.
Termino con un poema de autor desconocido, que se está haciendo viral:
La inteligencia sin amor, te hace perverso.
La justicia sin amor, te hace implacable.
La diplomacia sin amor, te hace hipócrita.
El éxito sin amor, te hace arrogante.
La riqueza sin amor, te hace avaro.
La docilidad sin amor, te hace servil.
La castidad sin amor, te hace orgulloso.
La pobreza sin amor, te hace miserable.
La belleza sin amor, te hace ridículo.
La verdad sin amor, te hace hiriente.
La autoridad sin amor, te hace tirano.
El trabajo sin amor, te hace esclavo.
La sencillez sin amor, te hace mediocre.
La oración sin amor, te hace un farsante.
La ley sin amor, te esclaviza.
La política sin amor, te hace ególatra.
La fe sin amor, te hace fanático.
La vida sin amor, no tiene sentido.
Dios es amor, por eso me mola y lo amo.
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