Basándome en el entrañable cuento de «El Elefante Encadenado», escrito por el argentino Jorge Bucay, en su espléndido libro «Déjame que te cuente: Los cuentos que me enseñaron a vivir», les cuento la siguiente parábola.
Había una vez un elefante que nació en cautividad en un circo. Desde muy pequeño vio cómo lo encadenaban a un poste, junto al resto de elefantes, por lo que lo vio normal. Ya con la adolescencia se planteó que, tirando fuerte, podría arrancar ese poste y liberarse. Tiró con fuerzas, lo intentó una y otra vez, pero aquel poste no se movía. Ya desilusionado, se resignó y adoptó la creencia de que era imposible quitar el poste. El elefante fue creciendo, convirtiéndose en un imponente elefante adulto, con gran tamaño y fuerza. Pero él seguía con la creencia de que era imposible quitar el poste. Resignado, se pasaba las tardes mirando el poste y rumiando.
Un buen día se inició un pequeño incendio en el circo. Un ascua ardiendo cayó sobre uno de los elefantes que estaba más cerca de las llamas. Este dio un respingo tan fuerte que tiró del poste y lo arrancó de cuajo. Nuestro elefante, que vio la escena, pensó que a lo mejor él también podía arrancar el poste y tiró de él con todas sus fuerzas. Comprobó atónito que el poste salía con facilidad, por lo que era libre, así que salió huyendo, junto con el otro elefante, y se adentró en la jungla. Ya en la jungla, los dos elefantes se preguntaron por qué no habían intentado arrancar el poste antes. Eso les habría dado la libertad hace muchos años.
Se dieron cuenta de lo peligroso que era adoptar creencias falsas que los limitasen. Teniendo un objetivo claro, a lo mejor no se puede realizar al momento, pero con constancia, al final siempre se puede. Las etiquetas limitantes que nos ponemos impiden que mostremos todo nuestro potencial: no puedo, no se me da bien, no valgo para esto, es inútil, nadie puede, todos opinan lo mismo…
Como «meme vacuna», le propongo cambiar las etiquetas limitantes por esta idea: «quiero esto, y lo voy a conseguir tarde o temprano: soy un ser humano, y los seres humanos podemos aprender y mejorar». En mi primer libro «Scrum para No Informáticos», desarrollo este gran secreto de la humanidad: la capacidad de aprender y mejorar continuamente.