Había dos labriegos que eran vecinos y sus granjas se encontraban cerca de un río que regaba el valle, dando lugar a una tierra muy fértil. Los dos tenían tierras de labranza y también ovejas y gallinas, que les daban huevos, leche, lana, y carne. Un labriego era muy humilde, mientras el otro era muy soberbio y miraba a su vecino por encima del hombro.
En la estación de las lluvias, un fuerte granizo rompió el techo de las dos granjas, matando también a algunos animales.
El primer labriego lloró y pensó cómo podía evitar que otro granizo dañase así su casa y matase a sus animales. Así que se ocupó de fortalecer el techo de su casa, dándole más consistencia, y construyendo un refugio para sus animales, donde los metía todas las noches.
El segundo labriego pensó que contra el granizo no se podía hacer nada, y que tampoco era tan frecuente en aquella zona, así que no hizo nada, salvo mofarse de su vecino:
—Tanto trabajo para que luego venga otro granizo y te rompa de nuevo el techo.
Pasaron unos meses y durante la estación fría bajaron los lobos del monte, matando a algunos de sus animales.
El primer labriego lloró por sus preciados animales y pensó cómo podía evitar que otro ataque acabase así con la vida de estos, por lo que decidió construir una valla alrededor de sus humildes posesiones.
El segundo labriego pensó que contra los lobos no se podía hacer nada, y que tampoco eran tan frecuentes en aquella zona, así que no hizo nada, salvo mofarse de su vecino:
—Va a parecer que vives en una cárcel. Además, seguro que los lobos pueden saltar esa valla.
Pasaron unos meses y durante la estación seca el río se quedó sin agua, por lo que los labriegos pasaron sed, muriendo algunos de los animales y sufriendo fuertes diarreas, a causa del mal estado del poco agua que quedaba en el río. También perdieron la cosecha, por lo que pasaron hambre.
El primer labriego lloró por sus animales y pensó cómo podría garantizar el abastecimiento de agua para su granja, así que decidió construir un pozo. Cavó y cavó hasta que encontró el preciado líquido.
El segundo labriego pensó que contra las sequías no se podía hacer nada, y que tampoco eran tan frecuentes en aquella zona, así que no hizo nada, salvo mofarse de su vecino:
—Ya verás cuando las gallinas echen su caca en el pozo. Te van a infectar el agua.
Al siguiente año los granizos fueron más fuertes, los lobos estaban más hambrientos y la sequía fue más pertinaz.
El primer labriego comprobó con alegría que su techo aguantó, que el refugio para los animales los protegió, que la valla los defendió de los lobos, y que el pozo abasteció de agua a su familia, a sus tierras de labranza y a sus animales durante la época de sequía.
El segundo labriego perdió a casi todos los animales, pues entre el granizo, los lobos y la sequía, estos no pudieron sobrevivir. Además perdió sus cosechas, por lo que se quedó sin sustento y estuvo a punto de morir. Al final tuvo que pedir ayuda a su vecino, mendigando comida y un refugio para él y su familia. Miraba con envidia a su vecino, que veía satisfecho cómo prosperaba su granja.
—¡Qué suerte tienes! —le decía.
—No ha sido suerte, ha sido esfuerzo por mejorar. Los dos padecimos las mismas calamidades, y los dos lloramos por la pérdida de nuestros animales. Pero yo busqué soluciones, mientras que tú no hiciste nada. La vida es un Camino de Mejora Continua. Te puedo ayudar a reforzar tu techo, a construir una valla, a cavar un pozo y te puedo dar algunos animales para que empieces una nueva vida.
El segundo labriego se dio cuenta de repente de que su actitud reactiva había puesto en peligro su vida y la de su familia. Se dio cuenta de que, tal y como decía su vecino, la vida es un Camino de Mejora Continua. No le quedaba más que aceptar su error y agradecer infinitamente la generosidad de su vecino, del que se había estado mofando en el pasado. Desde entonces se convirtió en una persona humilde, aceptando sus errores y aprendiendo de ellos. Y empezó a ayudar a sus vecinos.
Ya de anciano se le veía repetir a sus nietos:
—¡Humildad y Generosidad, qué dos grandes virtudes!